En ocasiones, la literatura se convierte en un puente entre la memoria colectiva y las historias íntimas. Ese es el caso de La reina del azúcar (Editorial Versátil, 2015), la novela con la que la escritora Dolores García Ruiz nos transporta a una Melilla cosmopolita y modernista de principios del siglo XX. A través de la vida de Inés Belmonte, apodada “la reina del azúcar”, la autora teje un relato que combina amor, intriga y homenaje a una ciudad marcada por la guerra y la resiliencia de sus gentes.
Una trama que enlaza pasado y presente
Todo comienza con un hallazgo fortuito: en un archivo militar aparece un cuaderno que contiene las memorias de Inés. Ese descubrimiento despierta la curiosidad del juez Prieto y del comandante Fonseca, que inician una investigación cargada de tensiones judiciales y diplomáticas. A medida que avanzan en su búsqueda, las páginas de Inés revelan no solo la historia de una mujer extraordinaria, sino también la construcción de un imperio industrial ligado al azúcar y los secretos que marcaron su destino.
La novela alterna con maestría la investigación contemporánea con las memorias del pasado, logrando que el lector viva una doble intriga: ¿qué ocultan realmente esas páginas? ¿Y cómo encajan en la historia oficial de Melilla y en las tragedias militares del Rif?
Inés Belmonte: fuerza, ambición y secreto
El gran eje de la narración es Inés Belmonte, un personaje de enorme riqueza. Firme, ambiciosa, apasionada y, al mismo tiempo, vulnerable, Inés encarna la lucha de una mujer que se abre camino en un mundo marcado por la adversidad y la desigualdad de género. Su apodo, “la reina del azúcar”, no es solo un título de poder empresarial, sino también un símbolo de resistencia.
Junto a ella, el juez Prieto y el comandante Fonseca funcionan como contrapunto narrativo: dos hombres encargados de descifrar su legado y de conectar la memoria personal con los acontecimientos históricos que sacudieron la ciudad.
Melilla, protagonista invisible
Uno de los mayores aciertos de Dolores García Ruiz es convertir a Melilla en un personaje más de la novela. La autora describe con detalle su ambiente modernista, su mezcla de culturas y su papel estratégico en la Guerra del Rif. Escenarios como el desastre de Annual, Monte Arruit o Dar-Drius aparecen no solo como telón de fondo, sino como heridas abiertas que marcan la identidad colectiva.
La ciudad modernista que aparece en la novela tiene mucho que ver con la huella arquitectónica de Enrique Nieto, discípulo de Gaudí y autor de algunos de los edificios más emblemáticos de Melilla.
La novela es, en este sentido, un homenaje a los melillenses de ayer y de hoy: a quienes defendieron la ciudad en los momentos más difíciles y a quienes, con su esfuerzo cotidiano, ayudaron a levantarla.
Estilo y valor literario
La crítica ha coincidido en subrayar la calidad literaria de La reina del azúcar. La escritura de Dolores García Ruiz se caracteriza por su precisión y elegancia, capaz de alternar pasajes de gran lirismo con otros cargados de tensión dramática.
La ambientación resulta especialmente lograda: el lector siente la luz, los aromas y la vida de la Melilla de principios del siglo XX, al tiempo que se sumerge en las intrigas judiciales y políticas que atraviesan la novela.
En palabras de Anika Entre Libros, se trata de “una historia deliciosa, escrita con precisión y delicadeza”. Por su parte, El Placer de la Lectura la describe como “una malla dramática bien hilvanada, dulce y terrible a la vez”. Y como señala Algunos Libros Buenos, más que la historia de Inés, es “la historia de Melilla”, un reflejo literario de la ciudad y de sus gentes.
Más que una novela histórica
Aunque se enmarca en un contexto bélico e histórico, La reina del azúcar no es solo una novela sobre guerras o intrigas. Es también un relato sobre la identidad femenina, la superación personal y la capacidad de las historias íntimas para iluminar la memoria de un pueblo. Dolores García Ruiz convierte la vida de Inés en un espejo donde se reflejan las tensiones entre lo privado y lo colectivo, entre el dolor y la esperanza.
Conclusión
La reina del azúcar es una obra que invita a leer con emoción y con memoria. A través de una trama rica y de unos personajes memorables, Dolores García Ruiz rescata no solo un episodio fundamental de la historia española, sino también la fuerza de una mujer que supo dejar huella en un mundo adverso. Una novela que, como el azúcar que la nombra, combina dulzura y amargura en un equilibrio difícil de olvidar.
Fuentes consultadas:
- Biblioteca Regional de Murcia
- Editorial Versátil
- Melilla Hoy
- El Placer de la Lectura
- Algunos Libros Buenos
- Anika Entre Libros
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