Odesa en 1890: esplendor cosmopolita a orillas del Mar Negro



A finales del siglo XIX, la ciudad de Odesa era una de las joyas urbanas del Imperio ruso. Situada a orillas del mar Negro, era el puerto más importante del sur del imperio, un hervidero comercial, cultural y étnico que crecía con rapidez y mostraba una fisonomía más europea que rusa.

Fundada oficialmente en 1794 por orden de Catalina la Grande, la ciudad fue diseñada para convertirse en un gran puerto estratégico tras la conquista rusa del territorio que pertenecía al Imperio otomano. El verdadero impulsor del proyecto fue el militar José de Ribas, un almirante al servicio de Rusia, nacido en Nápoles de familia catalana. Tras conquistar la fortaleza otomana de Khadjibey, propuso establecer allí una ciudad portuaria moderna. A él se deben los primeros trazados urbanos y la planificación del puerto. En su honor, la calle principal de la ciudad lleva el nombre de Deribasovskaya.

En 1890, Odesa tenía ya unos 300.000 habitantes, lo que la convertía en la cuarta ciudad más poblada del Imperio ruso, después de San Petersburgo, Moscú y Varsovia (entonces bajo dominio ruso desde el Congreso de Viena de 1815, cuando pasó a formar parte del llamado Reino del Congreso, un estado polaco controlado por el zar).

Era una ciudad cosmopolita y diversa, habitada por rusos, ucranianos, judíos, griegos, armenios, italianos, alemanes y franceses. Su riqueza y dinamismo atraían comerciantes, intelectuales y artistas de todo el mundo.

La ciudad era también un centro cultural de primer orden. Contaba con una universidad, bibliotecas, editoriales y una activa prensa en varios idiomas. El Teatro de Ópera y Ballet, reabierto en 1887 tras un incendio, era uno de los más prestigiosos del imperio.

Uno de los aspectos más singulares de Odesa era su importante comunidad judía, una de las mayores de Europa oriental. Aunque jugaba un papel clave en la economía y la cultura local, también fue víctima de tensiones y pogromos, como los tristemente célebres disturbios de 1905.

La arquitectura de Odesa combinaba estilos clásicos, italianos y franceses, con bulevares amplios, escalinatas monumentales (como la famosa Escalera Potemkin) y plazas elegantes. Todo ello le daba una imagen abierta y moderna, muy distinta de las ciudades del interior del imperio.

Odesa en 1890 era, en resumen, una ciudad vibrante, contradictoria y fascinante: europea y rusa a la vez, liberal y conservadora, comercial y artística, con una historia joven pero ya profunda. Su legado sigue vivo en su trazado urbano y en la memoria de las muchas culturas que la habitaron.

Fuente:
Texto elaborado a partir de fuentes históricas y enciclopedias (Wikipedia, Enciclopedia Brockhaus y Efron, Odessa: A History de Patricia Herlihy)
Imágenes: Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos (Library of Congress)











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