El 18 de abril de 1906, San Francisco vivió uno de los terremotos más destructivos de la historia de Norteamérica. El seísmo, que duró unos 40 segundos, causó más de 3.000 muertes y dejó a más de 250.000 personas sin hogar. A la devastación del temblor se sumó un gran incendio que arrasó buena parte de la ciudad, convirtiéndola prácticamente en escombros.
El epicentro se localizó cerca de la Bahía de San Francisco, pero los efectos se sintieron desde Oregón hasta el sur de Los Ángeles. La falla de San Andrés se rompió a lo largo de unos 470 kilómetros, afectando gravemente también a otras localidades, como Santa Rosa.
En un principio, se estimó que la magnitud fue de 8.3 en la escala de Richter, pero estudios más recientes han corregido esta cifra. Investigadores del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) y del Instituto de Tecnología de California (Caltech) han propuesto una magnitud más precisa de entre 7.7 y 7.9. La falta de estaciones sismológicas cercanas en 1906 dificulta aún hoy el consenso científico.
El terremoto provocó daños materiales valorados en más de 400 millones de dólares de la época y destruyó más de 28.000 edificios. A raíz del desastre, se impulsó una nueva etapa en el estudio de los terremotos. Se crearon comisiones científicas, se instalaron estaciones de análisis sísmico y se desarrollaron normas de construcción más seguras, especialmente para infraestructuras críticas como hospitales, colegios o centrales nucleares.
Hoy en día, gracias a los avances en tecnología, se monitorean constantemente cientos de fallas activas en California. Aunque no hay certeza absoluta sobre cuándo se repetirá un evento de tal magnitud, los expertos coinciden en que, tarde o temprano, volverá a ocurrir.
Fuente: Adaptado y redactado a partir de múltiples fuentes, entre ellas informes del U.S. Geological Survey (USGS), estudios del Caltech y documentos históricos de dominio público.
Imágenes: San Francisco tras el terremoto. Biblioteca del Congreso.
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